La Pipa: Back to the future.

Marty pasea por la Avenida de Galicia a la altura del número 97  con la cazadora de cuero negro y corchetes, el sombrero de mafioso y el maltrecho walkie talkie en la mano con andares desconcertados y titubeantes cuando un cartel de un local en chaflán le llama la atención y decide entrar , Sidrería la Pipa reza en la entrada.

Al entrar; una música melódica y dulce acaricia sus oídos  y la decoración rica en escayola y pinturas llamativas mezclada con azulejos, propios mas de ser recuerdos de una visita espeleológica a una cueva muy antigua que de restaurante, le da a entender a Marty que ha vuelto a viajar al pasado. Desconcertado mira al suelo y descubre que este yace cubierto de lo que parecen virutas de madera. Además, un intenso olor le rodea desde que entro al recinto. Perplejo y apalominado, Marty, levanta la cabeza al descubrir por el rabillo del ojo que alguien estaba vaciando una botella desde lo alto a un vaso y no sabia distinguir muy bien si lo que quería ese alguien era alejar mas la botella del suelo o acercar mas el vaso a este. Frente a Marty se encontraba la barra y sobre esta, más atrás, lo que parecía ser un mapa del tesoro verde y en relieve donde, justo en la marca del tesoro y achinando los ojos distinguió a leer:

-“ ¿Astxurias?”.

–   ¡Asturies! .  -Le rectifico un camarero que apareció cual “niño muelle”  de detrás de la barra.

Fue entonces cuando Marty descubrió que no solo había viajado a otro tiempo si no también a otro lugar, a otro mundo.

El camarero rectificador se llamaba Gonzalo Campos y resulto ser el dueño del local que al ver el estado en el que se encontraba Marty decidió amablemente ofrecerle comer en su local.

El suculento banquete comenzó con un pastel de cabracho que a Marty le recordó ( un poco de lejos eso si)  el sabor del mar pero que no valoro en demasía ya que resulta un plato denostado por el exceso de oferta y la bajada por tanto de la calidad general aunque este se degustaba gustosamente. Seguido a esto Gonzalo le agasajo con una ración de mejillones en salsa verde, calamares a la romana y navajas. El tamaño de estas dos ultimas resulto “descomunal”. Los calamares parecían ruedas de camión y las navajas dedos arrebatados de las manos del mismo neptuno ( un símil un poco tétrico este ultimo pero así mismo lo pensó Marty). Resultaban un “pelin” faltos de sabor pero desde luego eran dos platos que Marty comió con los ojos. Los mejillones pasaron por su paladar sin apenas llamar la atención casi como cuando su madre paseaba por los pasillos de la escuela de Hill Valey, tímida, socarrona y un poco picante.

Mientras tanto Marty reflexiono sobre el trato que estaba recibiendo y este le pareció de un gran nivel con mas de dos camareros atentos a el constantemente además de recibir la calurosa visita del dueño del local.

El opulento ágape continuo con unos escalopines al cabrales que a Marty le extraño al no conocer el plato pero que estaba bastante bien y le pareció un plato fuerte estupendo con un buen rebozado y un sabor aceptable; ahora bien, tenia la extraña sensación de haberlos comido mejores.

Para terminar… Unos postres clásicos como el flan y el arroz con leche que dieron un nivel bueno al cierre de los manjares ( sin olvidar eso si el café que Marty nunca perdona y los chupitos que casi nunca olvida ).

Al finalizar Gonzalo se acerco  Marty que ya tenia otro color en las mejillas y acercándose al oído le susurro:

– Haciendo las cuetas tocas a 17€.

Sin inmutarse, aunque le pareciese un precio razonable, Marty bajo su mano hacia el bolsillo derecho del pantalón. Rebusco como si de un pozo infinito se tratara y arrastro de este cuatro estampitas de papel arrugado de forma cuadrada y de colores vivos.

– De donde yo vengo, las buenas comidas en los buenos restaurantes se pagan con estas medallas. -Dijo Marty. Y arrancándole un trozo pequeño a una esquina de una de ellas, le miro a los ojos y le dijo:

– Y por tu generosidad y buen hacer te doy 3,7. 

Fin.

Pd: sabemos de buena mano que Marty podía haber degustado un rico marisco o una jugosa parrillada de pescados ya que Gonzalo lo preparaba muy bien pero, en fin…

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